Dieta Detox: de la ficción a la realidad

La palabra Detox como abreviatura de detoxificación, se ha asociado, equivocadamente, a todas las acciones encaminadas a la eliminación de toxinas presentes en el organismo. Este término se ha vuelto cada vez más popular en el ámbito de la alimentación y nutrición, pero ¿Qué tiene de cierto este concepto?

El organismo humano cuenta con potentes órganos que actúan como grandes depuradores de las diferentes sustancias que ingresan a nuestro cuerpo; estos son el hígado y los riñones, teniendo cada uno de ellos funciones específicas al momento de depurar unos u otros compuestos; sin embargo coincidiendo en procurar el aprovechamiento de aquello que pueda ser útil para el organismo y la posterior eliminación de aquello inútil para el cuerpo.  Solo gracias a la gestión depurativa de ambos órganos es posible que todo aquello que comemos y bebemos no se vuelva en contra del organismo, pues al finalizar la digestión, absorción y metabolismo de nutrientes, siempre quedarán sustancias de desecho que de llegar a acumularse podrían ser riesgosas para la salud.

Si bien es cierto que el consumo excesivo por un tiempo prolongado de compuestos como sodio, grasas saturadas, colesterol, azúcares simples, licor y medicamentos, a largo plazo, pueden causar cierto deterioro a la salud, no es del todo cierto que estas intoxiquen como tal al organismo, por lo que la palabra Detox tal vez no sería la más indicada. Sin embargo es importante comprender que el consumo de estas sustancias si se debe moderar en la medida posible, a excepción de los medicamentos, los cuales deberán administrarse sólo en las dosis y frecuencias recomendadas por el médico.

Las famosas dietas Detox, no son otra cosa que dietas excesivamente extremas y restrictivas, que se basan en la eliminación temporal de grupos de alimentos como lácteos, carnes, grasas, e incluso en ocasiones cualquier alimento cocido bajo cualquier método, en estas se sataniza el consumo de gran cantidad de alimentos, reduciéndose al consumo casi exclusivo de frutas y vegetales frescos bien sea enteros o en zumos, con la promesa de “desintoxicar” al organismo, sin estar este realmente intoxicado.  Este tipo de dietas suelen ser recomendadas de forma indiscriminada, prometiendo desintoxicar al organismo y promover la pérdida de peso rápida, siendo en ambos casos una recomendación poco acertada, que en remotas ocasiones podrá conducir al logro de estas metas, y en cambio sí podría provocar deficiencias nutricionales específicas.

Antes de emprender una de las famosas dietas Detox, sería importante comprender que tanto la acumulación de sustancias poco saludables en el organismo y sus consecuentes repercusiones en la salud, como el exceso de peso, son condiciones que se dan en el tiempo tras la suma de varios malos hábitos; y no ocurren abruptamente de un día a otro ni por una sola razón, por lo que requieren un manejo multifactorial y multidisciplinario en el que se combinen diferentes estrategias, entre ellas el cambio de hábitos alimentarios de manera permanente.

Idealmente la mal llamada dieta Detox, la cual no es una dieta como tal sino una serie de prohibiciones, podría adaptarse a un estilo de alimentación saludable un poco menos estricta pero quizá mucho más sostenible en el tiempo, con la que se contribuya a la depuración del organismo y a la prevención de enfermedades de tipo crónico. A continuación te damos algunos tips para que empieces a incluirlos en tu alimentación diaria:

  • Asegura una buena hidratación, basada en el consumo de agua principalmente a lo largo del día; puedes incluir también infusiones y tés, estos son de origen natural y tienen función diurética.
  • Evita el consumo excesivo de frituras y alimentos de panadería.
  • Procura consumir como mínimo 5 porciones entre frutas y verduras frescas cada día, realiza un adecuado lavado para eliminar de estas, suciedad y residuos de fertilizantes u otros químicos.
  • Opta por consumir alimentos integrales. Aunque estos no suelen tener menos calorías que los refinados, si suelen tener un mayor contenido de fibra.
  • Evita el consumo excesivo de sal y productos elevados en sodio
  • Evita conductas como: alcoholismo, tabaquismo y automedicación de fármacos
  • Consume carnes rojas 2 a 3 veces por semana, lo demás días opta por las carnes blancas (pollo y pescado)

Camila Henao Uribe

Nutricionista Dietista

Universidad de Antioquia

 

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